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Con estufas eficientes de leña, indígenas wayúu protegen su árbol sagrado de la deforestación y cuidan su salud

Las Familias Beneficiadas Reemplazarán Fogones Sin Perder Sus Tradiciones
Las familias beneficiadas reemplazarán fogones sin perder sus tradiciones

Fundación Natura, con el apoyo de Ecopetrol, está instalando esta tecnología en viviendas de Uribia, Dibulla y Distracción (La Guajira). En los hogares indígenas, las estufas reivindican el valor cultural del fuego, pero también impiden que el trupillo, árbol típico de la región, sea talado. También reducen la contaminación que afecta a las mujeres al cocinar.

BOGOTÁ, FEBRERO 7 DEL 2017. El fogón wayúu, más allá de ser utilizado para la cocción de alimentos, constituye un espacio simbólico, vital para la vida. Los miembros de la familia se reúnen a su alrededor, sobre todo al amanecer, para pronunciar una frase frecuente: “¿Kasaa Pulapuinkaa? -¿Qué soñaste?-“.

La pregunta no es ocasional. Asume el uso especial del sueño como fórmula para revelar  e interpretar el estado físico y espiritual y definir desde ese momento el cronograma del día para cada uno. Es una creencia cultural que se afianza con el calor y la luz que genera el fuego del fogón tradicional guajiro, hecho con las tradicionales tres piedras, que resulta trascendental para unirse en un diálogo, mantener la mente en paz o alejada de conjeturas. Y que también resulta el único combustible al alcance para cocinar y sobrevivir.

Una doble condición que ahora es apoyada por la Fundación Natura, que está construyendo estufas eficientes de leña con el apoyo de las alcaldías locales y de Ecopetrol, en viviendas wayúu de los municipios de Uribia, Distracción y familias campesinas del municipio de Dibulla. Una tecnología que no sólo apoya la cultura local, sino también su salud.

Las estufas no sólo dejan ver el fuego, aquel punto de reunión comunitario. De paso, las mujeres que son las encargadas de hacer los alimentos acompañadas de los niños, se liberan de inhalar el humo que se produce cuando deben prender los braseros tradicionales, sostenidos con piedras.

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También reducen el uso de leña, que consiguen con el uso reiterado del trupillo, que ha sido intensamente talado a pesar de ser un árbol típico desde el cual se reconoce un valor espiritual que integra el ser wayúu a la razón de ser de las plantas y sus propiedades naturales.

Un árbol que fortalece el afecto

El trupillo o Prosopis julifora es valioso desde el punto de vista cultural, por el uso medicinal de sus flores, hojas y raíces, así como por el provecho que se saca de su fruto, con el que se preparan bebidas nutritivas. Además, con la fuerte madera de su tronco se construyen las viviendas tradicionales.

No obstante, el aspecto más significativo que integra el ser wayúu con el aipia, como se le llama en la lengua nativa,  es la histórica utilización de su corteza para la fabricación de las primeras cuerdas con que se dio inicio a la concepción del arte del tejido para el diseño de las primeras mochilas y los elementales chinchorros.

El aipia es entonces determinante para reconocer la dimensión espiritual que une afectivamente el ser wayúu con las propiedades naturales del árbol. Su nombre se compone de dos significados: ai, que en el sentido positivo significa ‘afecto’. Y por el vocablo ‘pia’, que se refiere al aspecto residencial del entorno (afecto residencial). De allí la importancia que tienen las estufas como una estrategia para preservar este árbol de su uso indiscriminado en la producción excesiva de carbón vegetal.

Las primeras comenzaron a instalarse recientemente en la comunicad de Kasiworin, una ranchería ubicada en Uribia, a donde no llega la energía eléctrica, a pesar de estar  situada a metros del parque eólico Jepirachi, de Empresas Públicas de Medellín (EPM), que la produce y la distribuye para el sistema interconectado nacional.

Hasta allí llegaron representantes de la Fundación Natura, apoyados por Yadira Mártínez Epinayú,  líder comunitaria; asesora cultural y coordinadora de campo del proyecto, y un grupo de técnicos y maestros wayúu, para construir las primeras estufas de un modelo conocido como Patsari, escogido y aprobado por los indígenas y muy usado en México y en otros países centroamericanos como Costa Rica y Guatemala.

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“Las mujeres estaban felices porque no sólo redujeron el humo. También comenzaron a hacer la comida más rápido porque las estufas instaladas permiten usar varias ollas a la vez, pero sin que los alimentos pierdan ese sabor particular que adquieren al ser cocidos con leña, además sus mochilas y demás tejidos no quedan impregnados del olor a humo”, explicó Lucy Hernández, de Fundación Natura, y jefe del proyecto.

El hecho de que los indígenas fueran consultados sobre el tipo de estufa que se iba a instalar resultó definitivo. “Lo que más nos complace es que pudimos escoger una que se adapta a nuestras necesidades y criterios culturales; estamos muy contentos por su eficiencia”, contó Cristina Epieyu, miembro beneficiaria de la comunidad de Kasiworin, la primera mujer de la comunidad que encendió su estufa.

“Antes yo utilizaba diez palitos de leña con una medida de aproximadamente 80 centímetros de largo para preparar el almuerzo, ahora  solo utilizo dos palitos”, agregó Epieyu,

 Se reducen enfermedades

Pero los aportes de las estufas eficientes van más allá de una preparación rápida de la comida o la disminución de la tala del trupillo. Con ellas también se combaten enfermedades.

El 12 por ciento de la población del país, al menos 1,5 millones de hogares de zonas rurales, utilizan la leña en fogones improvisados como principal combustible para cocinar, cuyos miembros, entre ellos muchos niños, siempre están en riesgo frecuente de enfermar por respirar el aire contaminado que emiten.

Según el Ministerio de Salud, el 7,9% del cáncer de pulmón en mujeres es atribuible a estar expuestas a esta contaminación, porque muchas veces quien cocina inhala un aire con más de 500 microgramos por metro cúbico de material particulado (polvo y tierra entre otros), esto a pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que una persona debe estar expuesta a no más de 10 microgramos de material particulado al respirar.

Al llevarlas a La Guajira, así como a otros departamentos como Antioquia, Norte de Santander y Santander, como lo ha hecho la Fundación en los últimos años, se logra una reducción drástica de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) y una disminución del cáncer de pulmón, conclusiones que han sido logradas y probadas en campo por este Ministerio.

Hoy en Colombia hay cerca de 50 mil estufas instaladas. Por eso, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo quiere masificar su uso nacionalmente, con tal de poner a funcionar un millón antes del año 2030.

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Por el momento, el proyecto de Fundación Natura espera llevar 600 estufas eficientes a Uribia, 400 de ellas a escuelas wayúu, algunas situadas a 6 u 8 horas de la zona urbana, y con las que esperan alimentar a más de 400 estudiantes en cada una. En Dibulla se instalarán 100 estufas, que en este caso  llegarán a wayúus y a hogares campesinos . Y en Distracción se instalarán 50, distribuidas en casas de wayúus y labriegos.

Esto se logrará  antes del primer trimestre de este año, no solo como una contribución a la salud y a la conservación de la flora nativa. También como una forma de apoyar aquella tradición indígena de sentarse alrededor del fuego para diagnosticar y revelar  los sueños y, ahora, profetizar en wayúunaiki un futuro más amable.

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