Proyecto Corredor Vial Bogotá-Villavicencio, convenio Fundación Natura-Coviandes.
Autor: César Monje
Cuentan los viejos que hace muchos años se veía a los osos vagabundear libremente por entre las escarpadas montañas que conectaban los páramos de Chingaza y de las Burras. En algún parte de este camino tenían su lugar de reunión y tanto es así que alguien en algún momento bautizo este sitio como las Lomas del Oso, un lugar en medio del camino que comunicaba a la ciudad de Bogotá con los Llanos orientales por los lados de Quetame, el Calvario y San Juanito. Esto sucedió hace más de doscientos años, cuando era común que la gente anduviera por estos caminos reales a pie o a caballo, no existían los carros, y cuando los montes o bosques en toda esta región eran uno sólo, casi no había potreros ni cultivos. Ahora las cosas han cambiado mucho, con decir que ya existen los carros y los camiones, los potreros y los cultivos se ven por muchas partes y los osos han desaparecido casi por completo.
Hablando de estas cosas con don Siervo y con Jenny, nos pusimos a pensar en que sería toda una aventura volver a recorrer parte de estos caminos a pie y pensar o soñar o imaginar que nos encontrábamos con los osos y que ellos nos llevaban a conocer su sitio de reunión y nos contaban historias de sus vidas. A Jenny le daban miedo estos sueños porque había oído hace muy poco tiempo que unos caminantes se encontraron con una osa en el camino de Ubaque, y que la osa para proteger a su cría, los había atacado y herido. Don Siervo dijo que esto era normal, que toda madre protege a su cría y mas teniendo en cuenta que las osas le tienen miedo a las personas porque ellas han matado a cientos de osos, y en algunos casos sólo para colgar en las paredes de las casas las pieles o las cabezas. Nos dijo que hacía muy poco tiempo unos campesinos habían matado un oso muy cerca de Guayabetal y según el, el oso lo único que estaba haciendo era buscando comida en los pocos parchecitos de bosque que aún quedan por allí. Nos dijo que a los osos les gusta comer verduras y nosotros incrédulos con Jenny le dijimos que las verduras eran para las ensaladas y eran sólo alimento de las personas, a lo cual el nos hizo ver nuestra falta de conocimiento, dado que las verduras que le gustan a los osos son los brotes tiernos, verdes, de muchas plantas que hay en el bosque como los quiches, las puyas, la corteza de algunos árboles y el dulce de muchas flores. Ya nos estaba empezando a dar hambre, cuando de pronto apareció Natalia y nos contó que había soñado que ella era una osa grande, peluda y con unos anteojos con vidrio de botella, que no veía casi nada y que estaba corriendo en el monte perseguida por unos perros de cacería. Corría y corría hasta que llego al borde del peñasco y cuando ya no sabía que hacer …se despertó. Nosotros entonces le contamos que también estábamos
hablando de los osos y diciendo que estas casualidades no se dan muchas veces y que soñar tantas personas a la vez de los osos no era muy común, decidimos de común acuerdo irnos a buscar los osos al monte, recorrer despiertos los caminos hacia la loma del oso, pasar por los bosques de Granadillo, del Jordán, del Alto de la Cruz, mojarnos los pies en los páramos de las Burras y el Atravesado y una vez allí llamar a los osos, decirles que queríamos hablar, conocerlos, que nos dieran la oportunidad de ser amigos, que queríamos protegerlos.
Y nos pusimos en camino. Cuando empezamos a prepararnos para el viaje, varias personas en los pueblos de Quetame y de Guayabetal se enteraron de nuestros planes. Algunos nos dijeron que éramos locos, que la gente no se va así no mas para el monte en busca de un sueño, que si encontrábamos a los osos iba a ser un milagro, que los osos no existían ni nunca habían existido por esos lados, que íbamos a hacer el oso cuando llegáramos de regreso, que si los encontrábamos nos iban a atacar porque a los osos les gusta la carne humana y en fin muchas cosas mas nos dijeron. Nosotros respondíamos, discutíamos, contábamos las historias de osos que nos enseñó don Siervo, sin embargo parecía que nadie nos ponía cuidado. Don Siervo se la pasaba callado, en parte porque casi no oía lo que decía la gente ante tanto alegato y en parte porque decía que ante palabras necias mejor es tener oídos sordos. Nos explico después que el creía que se estaba quedando sordo porque había oído mucho en la vida, que la gente lo único que hacia era hablar y hablar y hablar y de tanto escuchar lo que decía la gente el oído se le había gastado o ya no quería oír más. Por eso a él le gustaba caminar en la montaña, salir temprano, a veces sólo a veces acompañando de su sobrina Paula, y oír, oír el silencio de la naturaleza y entonces su cabeza se llenaba de sonidos, del canto de las aves, de las ranas, podía oír el caminar de los venados, el zumbido de las abejas, la caída de las hojas. Don Siervo decía que podía oír lo que decían los árboles y a veces uno lo veía con la oreja pegada a un encenillo retorcido por los años y el oía y a veces hablaba con el árbol.
Cuando ya estábamos listos para salir desde la casa de don Siervo en el Jordán, varias personas llegaron y nos dijeron que querían acompañarnos. Dijeron que ellos también soñaban a veces con los osos, que les gustaba la idea de caminar, de recorrer los antiguos caminos, de ir en busca de los sueños, de querer hacer algo diferente. Nosotros no lo dudamos ni un momento y fue así como en la búsqueda del oso se nos unieron Marcela, Martha, Luís, Orlando y Albeiro.

Llevábamos solamente media hora de camino cuando empezamos a sospechar que nuestra tarea no iba a ser tan fácil. Estaba lloviznando, teníamos una neblina que no nos dejaba ver casi nada y el frío era intenso. Por si esto fuera poco el camino que escogió don Siervo era inicialmente muy empinado y atravesando un bosquecito muy tupido, lo cual nos obligaba a agacharnos cada rato, a trepar cogidos de los árboles, a arrastrarnos por entre la vegetación. En fin, hasta allí casi llegan nuestros sueños y mientras tanto don Siervo con su sobrina iban adelante, tranquilos, esperándonos. Nos contó en la primera parada que hicimos que la vida no son solamente sueños, que también hay que prepararse mucho para hacerlos realidad, que el había conocido muchas personas que caminaban mucho sin saber para donde iban, pero que también había conocido personas que creían tener claro para donde iban pero sus fuerzas no les alcanzaban para caminar. Nos contó que el camino estaba lleno de aventuras, de dificultades, de peligros y que nuestro reto era llegar en ese día a la laguna encantada, una laguna verde sobre un lecho de piedra en la que si teníamos suerte podríamos conocer el camino, la ruta por donde caminaban los osos.

Seguimos adelante, estábamos pasando por un bosque lleno de encenillos, de gaques, de canelos, de sietecueros en donde en el suelo había mucho musgo, zarzaparrilla, enredaderas, quiches, cuando de pronto Albeiro encontró lo que podría se la primera huella del oso, unos quiches partidos por sus bases y sin el corazón en forma de rosa de su interior, lo cual nos dijo Albeiro era la comida preferida de los osos. Al lado vió el tronco de un encenillo totalmente raspado en la parte de abajo y nos dijo que los osos se rascaban recostándose sobre los árboles y frotándose fuertemente. Nosotros nos miramos unos a otros, felices de saber que por allí había estado un oso y que de pronto podíamos encontrarlos en el camino. Jenny se asustó mucho y le dijo a Albeiro que se estuviera cerca de ella, que caminaran juntos. La subida se hacía cada vez más difícil, estábamos totalmente mojados, la neblina se volvía más espesa, eran alrededor de las once de la mañana pero no habíamos visto el sol, ni el cielo, todo era blanco, y lo único que veíamos a lo lejos eran las siluetas de los árboles.

Orlando y Luís encontraron nuevas huellas de la comida del oso. En pleno páramo vieron que las hojas arrosetadas de las puyas estaban partidas y que el corazón de las plantas no estaba, había sido comido. Eran varias las puyas
que estaban así en un área grande, como si los osos se hubieran sentado allí a comer tranquilamente. Estábamos felices, don Siervo nos dijo que estábamos justo en el camino que seguían los osos y que era un camino antiguo de ellos pero que también era un camino antiguo indígena que recorría las lagunas del páramo hasta llegar a la laguna encantada. Nos sentíamos caminando por entre las nubes, no sabíamos si era sueño o realidad, por un camino antiguo lleno de osos y de misterios que nos llevaría a un lugar mágico, en donde podríamos sentarnos libremente a comer con los osos, a mirarlos, a decirles que éramos amigos, ….

Seguimos caminando, la neblina se hacía cada vez mas espesa, Don Siervo se perdió del camino y no podíamos verlo, tampoco nos podíamos ver entre nosotros, todo estaba blanco, solamente nos oíamos cuando alguien hablaba. Puse mi mano delante de mi cara y no la veía, y entonces pensé que habíamos desaparecido, que nuestros cuerpos nos habían abandonado y se habían ido tras las huellas de los osos y nosotros, nuestras mentes, nuestros pensamientos se habían quedado allí, esperando la oportunidad para reunirse en un lugar encantado con otros pensamientos, con otros sueños que necesitaban prepararse aún mas para lograr llegar a nuestra meta final,reunirnos con los osos….y fue entonces cuando ví a don Siervo, parado al frente de la laguna encantada y comprendí que el era el que cuidaba a los osos, que el era el misterio de la laguna encantada, y le grite y no me oía, y le hice señas y no me veía y entonces supe que estábamos en dos mundos diferentes y que si yo quería llegar hasta donde el estaba debía caminar mucho más y saber para donde caminaba, creer en mis sueños, en la vida, oír los silencios de la naturaleza y buscar a mis compañeros de caminata.