Expedición Niñeritas: Juntos Reconocemos  El Territorio

Expedición Niñeritas: juntos reconocemos el territorio

El domingo 24 de marzo, en el Resguardo Indígena Inga Niñeras ubicado entre Mononguete y la vereda La Alternativa en Solano (Caquetá), donde la quebrada Niñeritas se une con la Niñeras -que a su vez desemboca en el río Caquetá-, comenzó una aventura en busca del nacimiento de uno de los cuerpos de agua que abastece a comunidad indígena inga y campesina de la zona.

Para llegar al punto de salida, la mayoría de los promotores ambientales del proyecto Amazonia 2.0 llegaron desde el día de anterior. Para algunos son solo dos horas a caballo desde sus veredas, pero para otros significa un recorrido de hasta cinco horas a pie, lo que demuestra su compromiso con el proceso.

A las 9:00 de la mañana del domingo, todos estaban en la casa de monitoreo comunitario dispuestos a recibir inducción, ultimar detalles y empezar a caminar la montaña por la orilla de Niñeritas.

Niñeritas tiene una extensión de aproximadamente 29 kilómetros, lo que la hace más pequeña que la quebrada Niñeras. Sus aguas pasan por el Resguardo Indígena Inga Niñeras, las veredas Las Palmas, Las Brisas y La Carolina, y son fuente de alimento, trabajo y abastecimiento de agua para las cerca de 45 familias que habitan allí. Sin embargo, se desconocía el estado real de la quebrada, su curso y su nacimiento.

“A quien tiene la niñera al lado no le hace falta nada”, fue una de las reflexiones de los pobladores durante Expedición Niñeras que se realizó en diciembre del 2017, el inicio de este ejercicio de reconocimiento comunitario del territorio, que tiene como objetivo generar una gobernanza efectiva y emprender las acciones necesarias para proteger el agua, calificada como el recurso colectivo de mayor importancia.

El grupo de 22 personas se dividió en cuatro equipos, con el propósito de identificar las especies de flora y fauna, georreferenciar el curso de Niñeritas y registrar y visibilizar la experiencia.

El primer día los indígenas tomaron la vocería, mientras ellos abrían y marcaban el camino, los demás avanzaban entre un espacio en el que predominaba el verde espeso del bosque reflejado en plantas de todos los tamaños y de diferentes características. La riqueza no se limita a lo visual, durante el recorrido pudimos apreciar una gran variedad de sonidos entre cantos de pájaros, micos, serpientes y pisadas sobre la hojarasca.

Aunque por momentos los equipos preferían el silencio para contemplar los sonidos de la naturaleza, los diálogos entre saberes campesinos, indígenas y técnicos fueron una constante que enriqueció todo el proceso. Algunos identificaban especies de árboles maderables, otros de plantas medicinales y mientras unos reconocían Pionites Melanocephalus, otros mencionaban al Loro patilico. El grupo caminó 9 horas hasta salir del resguardo siguiendo el curso de Niñeritas, llegó al lindero y atravesó potrero hasta la primera finca donde pasaron la noche en hamacas.

El lunes, la expedición inició con una conversación alrededor de los cambios evidentes que se pueden reconocer al salir del resguardo. No hay tanta vegetación y la ronda hídrica de Niñeritas ya no está protegida por ella; un análisis del que surgió el interrogante sobre las maneras de cuidar lo que los pobladores consideran importante y acerca de la gobernanza territorial. Se valoró el aprendizaje intercultural y el acompañamiento técnico durante el recorrido.

Una caminata de ocho horas, que inició a las 9 am y que cubrió cerca de 15 kilómetros de potreros. Un equipo evidentemente agotado debido a la falta de sombra, pudo ver algunas vacas y avistar una diversidad de aves, pero no otros animales.

Cada vez el cauce de la quebrada era más pequeño y el grupo se acercaba al nacimiento de Niñeritas. Todos se alegraron al encontrarse con un bosque espeso, que no solo les ofrecía sombra, sino que también parecía el lugar al que debían llegar. Sin embargo, el curso del agua continuó hasta hacerse casi imperceptible en un cananguchal o morichal completamente deforestado, dentro de un potrero. Ahí en la vereda La Carolina es donde la Niñeritas nace y resiste al mismo tiempo.

Con la caída del sol, el equipo de la expedición asumió la tarea de iniciar las acciones pertinentes que aporten a mejorar las condiciones del nacimiento de la quebrada y de esta manera a la sostenibilidad del recurso hídrico de la región, del que se abastecen las familias que habitan la zona.

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